Ya no me duele verle. Ya no echo de menos sus besos, ni su cara
recién afeitada, ni siquiera sus manos frías en mi espalda. No quiero
estar a 10 centímetrosde sus labios, ni que me sonría. De hecho, odio
cuando nuestras miradas se cruzan y giro rápidamente la cabeza.
Lo único que quiero esque me abrace por
detrás y me susurre que todo este tiempo no ha dejado de pensar en mí,
que le duele ver como giro la cabeza, que si no me sonríe es porque
tiene miedo de que yo lo haga también y que todos los días ve mi foto en su cartera y sonríe.